De septiembre de 2026 a septiembre de 2027, la fotografía celebrará oficialmente sus 200 años. Un aniversario histórico que dará lugar, tanto en Francia como a nivel internacional, a numerosas exposiciones, encuentros y eventos dedicados a esta forma de expresión que ha transformado profundamente nuestra manera de ver el mundo.

En 1827, en una casa de Borgoña en Saint-Loup-de-Varennes, un hombre espera durante horas ante un invento todavía frágil. Desde la ventana de su taller, Nicéphore Niépce intenta algo que parece casi imposible: fijar la luz de manera duradera.
Sobre una placa de peltre recubierta de betún de Judea, el sol imprime lentamente los contornos de un tejado, un patio y algunos edificios bañados por la claridad. El tiempo de exposición es inmenso. Nada garantiza que el experimento funcione. Durante años, Niépce ha buscado una forma de capturar la realidad sin tener que dibujarla a mano.
El resultado es extraño. Una imagen gris, borrosa, casi ilegible. Y, sin embargo, es la primera fotografía conocida de la historia: Point de vue du Gras.
Dos siglos más tarde, fotografiamos nuestras vidas a diario, a menudo sin pensarlo. Una comida, un paisaje, un rostro amado, un detalle visto en la calle. Miles de millones de imágenes circulan cada día por todo el mundo. Pero todo empezó aquí: con esa imagen imperfecta nacida de una ventana borgoñona y de la paciencia obstinada de un inventor.
Nicéphore Niépce no era ni un artista famoso ni un industrial poderoso. Era un inventor borgoñón curioso y tenaz, fascinado por una idea sencilla y vertiginosa: ¿cómo conservar permanentemente una imagen producida por la luz?
Llevaba años experimentando en la sombra. Química, grabado, óptica: probaba, fracasaba y volvía a empezar. El nombre que dio a su proceso ya revela toda su poesía: la heliografía, literalmente "escribir con el sol".
En 1827, desde la ventana de su casa, realizó la obra que hoy se considera la primera fotografía de la historia. El destino de esta imagen también tiene algo de novelesco: desaparecida durante décadas, no fue recuperada hasta 1952. Actualmente se conserva en la Universidad de Texas en Austin, lejos del paisaje donde todo comenzó.
Niépce nunca llegó a conocer la magnitud de su descubrimiento. Fallecido en 1833, desapareció mucho antes de que la fotografía transformara el mundo entero. Nunca vio los retratos familiares, los reportajes, los archivos, las obras de arte, ni los miles de millones de imágenes que nacerían después de él.
A continuación, encontrará un retrato de Niépce así como los planos de su casa donde todo comenzó.
Se habla del bicentenario de la fotografía en 2027, pero las celebraciones comenzarán el 1 de septiembre de 2026 y continuarán hasta el 30 de septiembre de 2027.
Este gran evento nacional está impulsado por el Ministerio de Cultura de Francia, con la ambición de celebrar a la vez el invento de la fotografía, su patrimonio y su vitalidad contemporánea.
Entre los momentos más destacados anunciados figuran una gran exposición-manifiesto en el Grand Palais en otoño de 2026, en colaboración con el Centro Pompidou, así como una exposición histórica dedicada a Nicéphore Niépce en el museo homónimo de Chalon-sur-Saône.
Pero el espíritu de esta celebración va mucho más allá de las grandes instituciones nacionales. Festivales, colectivos, escuelas, artistas y asociaciones están invitados a sumarse a este aniversario en toda Francia y en el extranjero. Porque celebrar los 200 años de la fotografía no es solo mirar al pasado; es también cuestionar su importancia y lo que cuentan hoy en nuestras sociedades y en nuestras vidas.
Desde la heliografía de Niépce, la fotografía no ha dejado de cambiar de forma.
El daguerrotipo hizo accesible el retrato. Lo analógico acompañó los álbumes familiares, la prensa, las guerras y los viajes. Lo digital revolucionó nuestra relación con el tiempo y la difusión de las imágenes. Después, el smartphone convirtió a cada uno de nosotros en un fotógrafo cotidiano.
En cada transformación surgen las mismas preguntas: ¿Qué es una fotografía? ¿Una prueba? ¿Un recuerdo? ¿Una obra? ¿Quién tiene derecho a producir imágenes? ¿A quién pertenecen? ¿Qué muestran realmente del mundo?
Hoy en día, con la aparición de las imágenes generadas por inteligencia artificial, estos interrogantes siguen desplazándose y renovándose. Y, sin embargo, algo permanece intacto desde 1827: la voluntad humana de dejar una huella.
Fotografiar es, a menudo, intentar retener lo que desaparece: una luz particular, un rostro, un paisaje, una emoción, un instante compartido. Es decir: 'yo estuve allí' o, a veces, simplemente: 'mira lo que he visto'.
Doscientos años después de sus inicios, la fotografía se ha convertido en un lenguaje universal.
La fotografía atraviesa fronteras, culturas y generaciones; documenta las transformaciones del mundo, acompaña nuestras vidas, da testimonio, denuncia, documenta, celebra, preserva el recuerdo y une.
Una fotografía puede ser una obra expuesta en un museo, un archivo histórico, un documento de prensa, un recuerdo familiar o una imagen compartida en segundos al otro lado del mundo.
Rara vez una práctica artística habrá transformado tanto nuestra relación con la realidad.
Miramos el mundo a través de imágenes. Memorizamos los acontecimientos mediante fotografías. A veces construimos nuestras identidades, nuestros relatos colectivos y nuestra memoria común a partir de ellas.
Es también por ello que este bicentenario supera con creces la simple conmemoración histórica. Plantea una pregunta profundamente contemporánea: ¿qué queremos aún mostrar, transmitir y mirar juntos?
El Festival de las Tres Coronas (Festival des Trois Couronnes) se celebrará en Hendaya en la primavera de 2027, y conmemorará el bicentenario de la fotografía a través de miradas contemporáneas internacionales, nacionales y locales. La historia que comenzó hace dos siglos se sigue escribiendo.
El festival se inscribe plenamente en el espíritu de esta dinámica nacional: hacer vivir la fotografía de cerca en los territorios y con sus habitantes, creando espacios de intercambio entre fotógrafos y público.
La fotografía cobra vida cuando se muestra, cuando suscita encuentros, diálogos, interrogantes y/o emociones colectivas. El Festival de las Tres Coronas y las actividades del Colectivo Argia buscan así demostrar que la fotografía contemporánea es una práctica viva y en constante movimiento.
Doscientos años después de la primera imagen de Nicéphore Niépce, la fotografía sigue transformando nuestra manera de mirar el mundo, de relatar nuestras vidas, nuestras memorias y nuestros vínculos.
El bicentenario de 2027 no solo celebra un invento técnico. Este tiempo conmemorativo en torno a la fotografía constituirá una oportunidad para recordar cuánto ha acompañado la fotografía, desde sus orígenes, las evoluciones sociales, culturales y políticas de nuestras sociedades.
En la primavera de 2027, el Festival de las Tres Coronas formará parte de esta historia colectiva a través de una programación dedicada a miradas contemporáneas que encuentran su inspiración en el legado de la corriente humanista.
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