En algún lugar del sur de los Estados Unidos, un hombre deja su guitarra y levanta su cámara. En el escenario, un viejo pianista de blues toca tal vez sus últimas canciones. Simon Arcache dispara el obturador, no para congelar un espectáculo, sino para conservar el rastro de aquello que, pronto, ya no se podrá escuchar. Llegado a la fotografía a través de la música, ha hecho de la fotografía analógica una forma de escuchar. A pocas semanas de su exposición en Hendaya, retrato de una mirada que sitúa al ser humano y a la música en el centro de la imagen
Nacido en 1992 en la región parisina, Simon Arcache es fotógrafo pero también músico. Todo empezó con una guitarra: Simon acompañó a músicos en el escenario y luego, en 2012, viajó a los Estados Unidos y se incorporó al equipo de la Music Maker Relief Foundation, una organización sin fines de lucro que ayuda a músicos de blues en situación de precariedad. Fue allí, junto a ellos, donde aprendió verdaderamente a fotografiar. Su formación no tuvo lugar en un aula, sino en los clubes y en los camerinos, lo más cerca posible de las personas con las que convivía.
De esta doble práctica nace una posición singular. Cuando fotografía a un músico, ya sabe lo que es subirse a un escenario, esperar en el camerino, acompañar a un músico ante una sala a medio llenar. Esta familiaridad se lee en sus imágenes: hay, en sus retratos, la confianza de alguien a quien se le ha permitido entrar.
Su trabajo se sitúa entre la fotografía documental, que narra la realidad, y la fotografía de autor, que asume un punto de vista. Simon Arcache no solo registra lo que ve: elige, encuadra, interpreta. El fotógrafo es también un testigo comprometido con lo que mira.
Su serie Going Up, Going Down nació de varias estancias en el sur de los Estados Unidos. En estas tierras donde creció el blues, va al encuentro de músicos ancianos, a veces olvidados, cuya memoria viva corre el riesgo de apagarse con ellos. No son estrellas: son hombres y mujeres que han consagrado su vida a una música, y a quienes la historia oficial rara vez ha recordado.
Entre ellos, Ironing Board Sam, pianista de apodo improbable, víctima de un accidente cerebrovascular en 2015, tras más de cincuenta años de carrera. Fotografiarlo es ya luchar contra el olvido. Ahí, el proyecto supera el simple reportaje musical para convertirse en un asunto de transmisión. Simon Arcache lo formula así:
«Estas fotografías son mi manera de devolver a estos artistas un poco de lo que ellos me han aportado, mostrando lo que a veces ya no se puede escuchar».
Todo está dicho en esta frase: la imagen prolonga el sonido, conserva una presencia cuando la voz se calla. Going Up, Going Down le valió el Premio Voltaire de Fotografía 2023-2024, y una serie de exposiciones, notablemente en el Castillo de Voltaire en Ferney (01) y en el Castillo de Bussy-Rabutin (21).
La serie "Going up, Going down" ha sido producida en el marco del Prix Voltaire de la Photographie 2024, por el Festival des Confrontations Photo en colaboración con el Centre des Monuments Nationaux y la Caisse locale de Gex du Credit Agricole Centre-Est.
© Crédito de foto Simon Arcache
Simon Arcache trabaja en blanco y negro, con película analógica, desde el revelado hasta el positivado, procesos que domina como profesional, practicándolos en el laboratorio PCP en París y en su casa. Esta elección no tiene nada de pose nostálgica. La película impone una lentitud, una economía del gesto: no se ametralla a fotos, se espera el momento adecuado, se acepta no conservarlo todo.
Esta lentitud se parece a una forma de escucha. Allí donde lo digital fomenta la acumulación, lo analógico obliga a la paciencia, la misma paciencia que se necesita para sentarse junto a un viejo músico y dejarlo expresarse. El gesto del fotógrafo se une entonces al del músico: ambos saben que un silencio bien colocado vale más que una nota de más.
Esta exigencia se prolonga hasta el positivado. El grano de la película, la profundidad de los negros, la materia del papel: nada se deja al azar, y todo se adapta a la textura de sus sujetos. El resultado no es una imagen lisa y fría, sino una presencia, casi táctil: un rostro que uno tiene la impresión de poder tocar.
En el fondo, lo que le interesa a Simon Arcache no es el blues como género musical, sino las comunidades que lo hacen vivir. A través de ellas, explora cuestiones más amplias: la alteridad, la identidad, la memoria, la manera en que una historia se transmite de una generación a otra. El blues es solo una puerta de entrada hacia lo humano.
Es precisamente este desplazamiento, del espectáculo hacia lo íntimo, de la interpretación hacia la persona, lo que inscribe su trabajo en la filiación de la fotografía humanista, aquella que coloca al ser humano ordinario en el centro de la imagen. Una filiación que el colectivo Argia reivindica, y que hace que su presencia entre nosotros sea evidente.
Su trabajo continúa con su serie Les Fils de Bambara (Los hijos de Bambara), apoyada por una beca de la agencia VU', o también Le Cabaret de Poussière. Su obra ha sido publicada en Polka, Fisheye o Like, y expuesta tanto en Francia como en el extranjero. En todas partes, la misma atención: dejar un rastro de aquellos que no siempre lo dejan.
Es natural que el colectivo Argia lo invite a la primera edición de sus Regards Croisés (Miradas Cruzadas), titulada Sound and Vision : un título que ya lo dice todo: el diálogo entre la imagen y el sonido.
Cita en la Halle de Gaztelu en Hendaya, donde Simon Arcache presentará sus fotografías de la serie Going Up, Going Down.
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